Más de 110 personas en USA, una experiencia para mirar el agro con otros ojos

Por Marcos Fasciano | Director de AgroEducacion
AgroEducación volvió a llevar su propuesta de capacitación fuera del aula.
Más de 110 productores, profesionales y empresarios participaron de una nueva edición de su viaje a Estados Unidos, una experiencia que recorrió mercados, industrias, campos, tecnología e instituciones bajo una misma premisa: hay conocimientos que solo se incorporan cuando se los vive…
Hay una forma de conocer el agro norteamericano a través de estadísticas, informes, videos o conferencias. Y hay otra: caminar sus campos, conversar con sus productores, entrar a las empresas que desarrollan tecnología, recorrer una de las ferias agrícolas más importantes del mundo y sentarse frente a quienes analizan y toman decisiones sobre los mercados.
Esa segunda alternativa fue la elegida nuevamente por AgroEducación.
Durante casi dos semanas, más de 110 personas participaron de una nueva edición de la gira de capacitación por Estados Unidos, dentro de la propuesta Aprender Viajando, llevando a la práctica una idea que la institución sostiene desde hace años: aprender haciendo, contrastando conocimientos con la realidad y generando vínculos entre quienes forman parte del negocio agropecuario.
El recorrido comenzó el 26 de agosto con la salida desde Buenos Aires y tuvo como primera gran escala a Chicago. Desde allí, el grupo atravesó Illinois e Iowa, pasó por Racine, Dekalb, Moline, Des Moines y Boone, viajó luego a Washington y finalmente llegó a Nueva York, donde el programa transita sus últimas jornadas.
Chicago: donde el agro también se define frente a una pantalla
La primera parte del viaje permitió unir dos mundos que muchas veces se analizan por separado: producción y mercados.
La llegada a la región incluyó una visita a Case CNH en Racine, para acercarse a la evolución de la maquinaria y a los procesos de innovación de una de las grandes compañías vinculadas con la producción agrícola.
Pero uno de los puntos centrales estuvo en Chicago, ciudad inseparable de la historia de la comercialización mundial de granos.
La agenda contempló una jornada coorganizada por CME Group, A8A y AgroEducación, además de una recorrida por el distrito financiero, la Bolsa de Chicago y una charla brindada en las oficinas del Chicago Mercantile Exchange.
En ese marco, Antonio aportó una mirada sobre otro factor decisivo para comprender los mercados: la logística internacional. Puso el foco en cómo pasos estratégicos como el Canal de Panamá pueden transformarse en verdaderos cuellos de botella, alterando costos de flete, flujos comerciales y disponibilidad de mercadería. En mercados ajustados, una interrupción logística puede tener efectos concretos sobre los precios.
Para productores y profesionales acostumbrados a seguir las cotizaciones desde Argentina, estar físicamente en uno de los lugares donde se construyen las referencias globales permitió darle otra dimensión a conceptos que forman parte de la actividad cotidiana.
Porque detrás de un precio hay mercados, operadores, información, expectativas, logística y decisiones. Ver ese engranaje desde adentro también forma parte de comprender el negocio.
Salir de la ciudad y entrar al sistema productivo
Después de Chicago, el viaje cambió de escenario.
El grupo se internó en el corazón agrícola de Estados Unidos, con visitas a establecimientos de soja y maíz y a un sistema que integraba producción agrícola y feedlot en Illinois. El objetivo ya no era observar solamente la escala, sino entender cómo trabajan los productores estadounidenses y qué decisiones toman dentro de sus empresas.
El recorrido continuó hacia Moline y Des Moines, con la industria de maquinaria, el ámbito universitario y las rutas agrícolas de Iowa como nuevos espacios de aprendizaje. El itinerario fue diseñado precisamente para conectar campos, empresas, investigación y tecnología dentro de un mismo recorrido.
Y esa conexión resultó particularmente visible en Farm Progress Show, en Boone.
La exposición se convirtió en una de las jornadas centrales de la gira. Maquinaria, agricultura de precisión, genética, insumos, digitalización y nuevas soluciones para producir convivieron en un mismo lugar, permitiendo observar hacia dónde se dirige uno de los sistemas agrícolas más desarrollados del mundo.
Más que recorrer stands, la posibilidad fue comparar. ¿Qué tecnologías son trasladables a Argentina? ¿Cuáles responden exclusivamente a la realidad estadounidense? ¿Dónde están las oportunidades y qué diferencias existen entre ambos modelos? Ese ejercicio de mirar, preguntar y discutir probablemente sea una de las partes más valiosas de un viaje técnico.
Semillas, etanol y precisión: entender qué hay detrás de la productividad
La agenda avanzó luego sobre tres áreas estratégicas para el futuro del agro.
El grupo visitó el centro de investigación de Stine Seeds, conoció una planta de producción de etanol y participó de una capacitación en Precision Planting. Fue una jornada diseñada para observar cómo genética, transformación industrial y agricultura de precisión pueden integrarse dentro de una cadena que busca producir más, utilizar mejor sus recursos y generar nuevos negocios a partir de los granos.
En ese punto, el viaje permitió ampliar la mirada. Estados Unidos no fue observado únicamente como competidor agrícola, sino también como un laboratorio a gran escala donde conviven producción primaria, investigación privada, bioenergía, industria y desarrollo tecnológico.
Y muchas de las conversaciones que surgieron durante esas visitas continuaron después, en los traslados, las comidas y los encuentros entre los propios viajeros. Porque viajar con más de 110 personas vinculadas al sector genera otro activo difícil de incluir en un itinerario: la red que se construye dentro del propio grupo.
De Iowa a Washington: mirar también dónde se toman las decisiones
La gira incorporó además una dimensión institucional.
En Washington, la agenda contempló un encuentro con la Embajada Argentina y un economista del USDA, sumando al análisis productivo y tecnológico una mirada sobre política agropecuaria, comercio internacional y las decisiones que terminan impactando sobre los mercados mundiales.
Fue, en cierta manera, completar el círculo. El viaje había comenzado mirando precios en Chicago, había atravesado campos, empresas y tecnología en el Medio Oeste y llegaba a Washington para comprender el marco institucional dentro del cual también se desarrolla el negocio.
Nueva York quedó reservada para el último tramo: recorrer la ciudad, compartir tiempo fuera de la agenda técnica y cerrar una experiencia intensa antes del regreso a Argentina, previsto para el 7 de septiembre.
Lo que vuelve en la valija no se mide en kilos
Porque Aprender Viajando también es eso: salir de la rutina, abrir la cabeza a nuevas ideas y encontrarse con personas que comparten inquietudes, proyectos y una misma pasión por el agro.
Algunos comenzaron el recorrido siendo compañeros de viaje. Muchos regresarán siendo amigos.
En el camino se generaron vínculos profesionales, oportunidades, intercambios y contactos que seguramente continuarán mucho después de que aterrice el avión de regreso. Pero también se construyó algo más difícil de medir: una historia compartida.
Cada viajero volverá a su campo, su empresa, su profesión y su familia con aprendizajes distintos. Tal vez con una nueva tecnología para analizar, una forma diferente de gestionar, una idea de negocio o una pregunta que antes no se había planteado.
Pero todos regresarán con algo en común: haber vivido una experiencia que difícilmente olviden
Por Marcos Fasciano | Director de AgroEducacion
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