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Desierto Verde: cómo transformar la estepa patagónica en un proyecto agroindustrial de exportación

Angela Fasciano – Coordinadora de AgroEducacion

En la clase de Valor Agregado en el Agro del Postgrado en Agronegocios de AgroEducación a cargo de Diego Palomeque, Director académico, Lucas Sandobal Gerente de Desierto Verde, presento una experiencia que muestra cómo el valor agregado también puede empezar mucho antes de la industria: en la decisión de mirar distinto un territorio.

El proyecto nace en la Patagonia Norte, en una zona de Neuquén vinculada al río Limay, donde la agricultura de secano prácticamente no tiene margen. Allí las lluvias rondan los 200 milímetros anuales, los suelos tienen alto contenido de arena y la productividad natural de la estepa es muy baja. En ese contexto, lo que parecía un límite se transformó en una oportunidad: disponibilidad de agua para riego, buena radiación solar, baja humedad ambiente y condiciones sanitarias favorables para producir alfalfa de alta calidad.

1. De la estepa a la oportunidad productiva

Desierto Verde no surgió de una certeza, sino de una pregunta: ¿qué pasaría si a una zona árida, con agua y buena luz, se le incorporara escala, tecnología, genética, fertilización y eficiencia de riego? La primera señal apareció al observar experiencias de pequeños productores de la región. Aun con baja escala y sistemas familiares, la alfalfa funcionaba. Eso permitió imaginar un salto: pasar de producciones aisladas a un modelo empresarial e integrado.

La transformación fue profunda. En campos de estepa, donde la capacidad ganadera podía ser de una vaca cada 30 o 50 hectáreas, el desarrollo bajo riego permitió construir un sistema de alfalfa con cinco cortes anuales y rendimientos estimados en 10.000 a 12.000 kilos de materia seca por hectárea. El contraste explica el nombre del proyecto: donde había desierto, empezó a aparecer verde.

2. Asociarse para ganar escala

Uno de los rasgos centrales del caso es la asociatividad. Desierto Verde se apoya en la articulación entre Las Taperitas, Cotagro y la Cooperativa La Unión. No se trata de una suma formal de nombres, sino de un modelo donde cada actor aporta capacidades distintas para hacer viable un proyecto de largo plazo.

Las Taperitas aporta trayectoria productiva y agroindustrial, con experiencia en lechería, ganadería, agricultura y producción de alfalfa. Cotagro suma escala cooperativa, conocimiento comercial y experiencia exportadora. La Cooperativa La Unión complementa el esquema desde su experiencia en acopio, organización y trabajo territorial. En conjunto, la asociación permite repartir riesgos, sumar activos, financiar infraestructura, desarrollar mercados y sostener una escala difícil de alcanzar de manera individual.

Este punto es clave para entender el valor agregado moderno. Muchos proyectos no dependen solo de una buena idea productiva, sino de la capacidad de construir alianzas. En Desierto Verde, la asociatividad permite afrontar inversiones grandes: tierra, permisos de riego, movimiento de suelo, canales, maquinaria, compactación, logística y apertura comercial.

3. El riego como corazón del negocio

En la Patagonia, la tierra sin agua vale poco. El verdadero activo es el acceso al riego y su conversión en producción eficiente. Por eso, antes de hablar de alfalfa, el proyecto tuvo que resolver infraestructura.

El sistema elegido fue un riego gravitacional de tipo australiano, pensado para trabajar grandes superficies con canales de alto caudal y compuertas que permiten regar parcelas de 5 a 7 hectáreas en pocas horas. Para llegar a ese punto, primero hubo que realizar planialtimetría, nivelación, movimiento de suelo, canales de conducción y desagües. Sandobal mencionó movimientos de 3.000 a 3.500 metros cúbicos por hectárea en algunos casos, un dato que muestra la intensidad de la inversión inicial.

El objetivo no era simplemente sembrar alfalfa. Era construir el sistema que permitiera producirla de manera estable, eficiente y con calidad exportable.


↓ VALOR AGREGADO EN EL AGRO. CLASE EN DIFERIDO ↓
MANUEL RON – BIO 4 | DELFIN URANGA – SILO REAL | LUCAS SANDOBAL – LAS TAPERITAS S.A.


4. Producir calidad para mercados exigentes

La oportunidad comercial está en la demanda internacional de forraje de alta calidad. Países con restricciones hídricas, especialmente en Medio Oriente y Asia, necesitan abastecimiento confiable. En ese escenario, la alfalfa patagónica puede competir por calidad, sanidad y condiciones de secado.

La baja humedad ambiente permite que, en determinados momentos, la alfalfa alcance condiciones adecuadas de humedad en 12 a 24 horas. Esto ayuda a conservar hoja, proteína y digestibilidad, tres elementos clave para acceder a segmentos premium. Sandoval mencionó como referencia calidades cercanas al 22% de proteína, vinculadas a mercados de mayor valor.

Además, la persistencia del cultivo es una ventaja. En la zona se registran alfalfas con 7 u 8 años de duración, favorecidas por el manejo del riego y la baja presión sanitaria. Esa estabilidad mejora la ecuación económica y permite pensar el negocio con horizonte de largo plazo.

5. Compactar, exportar e integrar con carne

El modelo no termina en el lote. La alfalfa es un producto voluminoso y complejo desde el punto de vista logístico. Por eso, el proyecto incorpora una etapa de compactación que reduce el volumen de los megafardos en torno al 40% y permite mejorar la carga de contenedores de exportación.

La lógica es producir, compactar y exportar. Pero también integrar. No toda la alfalfa alcanza calidad exportable, y allí aparece otra salida: transformarla en carne. Las Taperitas ya venía integrando parte de esa producción en sistemas ganaderos, con recría y terminación, aprovechando además ventajas comerciales por su ubicación debajo de la barrera sanitaria.

Esa diversificación reduce riesgos. Lo que no sale como forraje premium puede convertirse en carne, agregando valor dentro del propio sistema.

Conclusión

El caso Desierto Verde deja una enseñanza clara: agregar valor no es solo industrializar una materia prima. También es transformar tierra improductiva en un sistema productivo, asociarse para ganar escala, invertir en infraestructura, construir conocimiento propio y desarrollar mercados.

La experiencia presentada por Lucas Sandobal muestra una historia de pioneros, con curva de aprendizaje, riesgo y visión de largo plazo. Donde había estepa, el proyecto vio agua, luz y oportunidad. Y donde parecía haber un límite productivo, construyó una plataforma agroindustrial orientada a la exportación.

Ese es el valor de traer estos casos al Postgrado: permiten ver que la innovación en el agro a veces empieza con una pregunta distinta sobre un territorio conocido.

Angela Fasciano – Coordinadora de AgroEducacion


Curso de Postgrado en Agronegocios 2026/27

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