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Campaña 26/27 y la llegada de un ¿súper? El Niño

Por Leonardo De Benedictis | Climatólogo

Desde hace varias semanas, los pronósticos de largo plazo que monitorean la temperatura del océano Pacífico ecuatorial vienen mostrando una señal cada vez más clara: durante los próximos meses se desarrollaría un evento El Niño.
Actualmente, la totalidad de los modelos dinámicos de predicción coinciden en la formación de este fenómeno, por lo que ya no hay dudas sobre el rumbo hacia una fase Niño. Sin embargo, todavía quedan varios interrogantes abiertos: ¿cuándo comenzará a sentirse?, ¿qué intensidad alcanzará?, ¿cómo impactará en Argentina y en el resto del mundo?, ¿puede convertirse en un evento extremo?

Aunque el consenso sobre su formación es prácticamente total, la discusión ahora pasa por la magnitud que podría alcanzar. Aproximadamente un 30% de los pronósticos proyecta un evento entre débil y moderado; otro 30% se inclina por un Niño fuerte a muy fuerte; mientras que cerca del 40% restante contempla la posibilidad de un episodio extremo.

Por lo tanto, el escenario todavía no está completamente definido. Aún existe incertidumbre respecto de cuál será su intensidad final, aunque sí puede afirmarse que el riesgo de un evento importante es elevado.


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En este punto, es clave diferenciar dos cuestiones: la intensidad del fenómeno y sus impactos. La intensidad se mide a partir de cuánto se desvía la temperatura superficial del mar respecto de los valores normales en el Pacífico central. Cuanto mayor es esa anomalía, más intenso es el evento El Niño. Pero eso no significa automáticamente que sus consecuencias serán más severas. Los impactos no son lineales y dependen también de factores regionales y locales que pueden potenciar o amortiguar sus efectos.

En la historia reciente hubo tres eventos El Niño particularmente fuertes: 1982/83, 1997/98 y 2015/16. En los tres casos, Argentina registró impactos importantes, especialmente sobre el este del país, con crecidas del río Paraná, inundaciones en el NEA y excesos hídricos en buena parte de la región central. Sin embargo, también hubo episodios de lluvias extremas e inundaciones durante eventos Niño de menor intensidad, lo que demuestra que no siempre existe una relación directa entre la fuerza del fenómeno y las consecuencias que genera.

A nivel mundial, el seguimiento sobre este posible evento es permanente. Regiones como Australia, Sudáfrica y gran parte del sudeste asiático suelen atravesar condiciones de sequía durante años Niño, lo que puede afectar seriamente la producción agropecuaria en importantes zonas del planeta.

De cara a la campaña 2026/27, este escenario vuelve a poner a prueba tanto a los sistemas de pronóstico como a las estrategias de planificación productiva. Una vez más, el desafío para el sector agropecuario será adaptarse a un contexto climático altamente variable, donde la toma de decisiones deberá apoyarse cada vez más en el monitoreo y la información meteorológica de largo plazo.

Por Leonardo De Benedictis | Climatólogo

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