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Motores de Crecimiento y Dinamica del Empleo en la Actualidad Argentina

Leandro Ameriso – Global Focus

Desde hace algunos meses se dejaron de lado las discusiones de índole política, sobre la sostenibilidad cambiaria y niveles de tasas de interés para darle mayor espacio a debates más coyunturales sobre el nivel de actividad, productividad y desafíos en materia de empleo en Argentina.

En estos últimos días trascendieron dos datos clave para la comprensión de la dinámica actual de la economía argentina: el EMAE (Estimador mensual de actividad económica – INDEC) y el informe del Mercado de Trabajo (EPH – INDEC) ambos datos del último trimestre de 2025 los cuales nos permiten ver en forma agregada la evolución anual durante 2025.

Evolución de la actividad económica:

De acuerdo con los datos brindados por INDEC, la economía en Argentina tuvo un crecimiento del 4,4% durante 2025, donde el PIB a precios constantes alcanzó un máximo histórico, ubicándose 1,1% por encima del promedio de 2022 (máximo previo). Estos datos a simple vista nos resultan positivos, pero nos invita a reflexionar cuando se analiza de forma desmenuzada.

A la hora de ver la performance de cada sector, podremos notar que la heterogeneidad es lo que prima en la economía argentina desde hace ya 2 años:

Sectores intensivos en materia prima y en explotación de recursos naturales son los que traccionan la actividad económica del país. El rubro Agropecuario (agricultura, ganadería, caza y silvicultura) obtuvo un crecimiento en promedio del 4,5% durante 2025 y un 32.2% interanual (dic24 vs dic25) impulsadas por una cosecha histórica de trigo, récord en volumen y con rindes 50% superiores al promedio de las últimas campañas.

Los rubros de Minería e Intermediación Financiera hicieron su parte también con subas anuales en la zona de 8% (i.a) y 24,7% (i.a) respectivamente durante el año pasado.

Dentro de los sectores perdedores se encuentran la Industria, Construcción y Comercio que marcan en conjunto una caída del 6,9% desde noviembre de 2023.

En términos generales uno podría sugerir que el balance es positivo, en donde 11 sectores crecen y 4 caen, dejando una actividad en repunte; pero la realidad se desfigura un poco cuando vemos las implicancias de esta dinámica en materia de empleo.

Mercado laboral:

El miércoles pasado salió el informe de mercado laboral el cuál arrojó una tasa de desocupación del 7,5% a nivel nacional; un 1,1% por encima de diciembre de 2024 y un 1,3% por encima de 2023.

¿Si la actividad crece por qué aumenta el desempleo? La pregunta es lógica y se encuentra la respuesta cuando uno analiza cuales son los sectores ganadores y cuáles los perdedores en la economía actual y sus implicancias en el mercado de trabajo. 

Como podemos notar, el empuje en materia de actividad que generan los principales sectores ganadores no tiene un derrame sustancial en la demanda de empleo. Por su parte, la variación en rubros de construcción, industria y comercio minorista, los cuales caen en menor cuantía de lo que aumentan los sectores ganadores, provoca una destrucción de empleo muy marcada.

Con estos guarismos sobre la mesa es donde podemos evidenciar que el 2025 terminó siendo un año con crecimiento económico, pero con aumento del desempleo, algo totalmente paradójico y que incluso va en contra de principios de la teoría económica.


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Ley de Okun – crecimiento y desempleo

Aquí es donde nos apoyamos en la famosa Ley de Okun, observación empírica que realizó el economista Arthur Okun en 1962, donde de forma muy acertada establece una relación inversa entre el crecimiento económico y la tasa de desempleo. Algo que resulta muy lógico: un aumento de la actividad de una economía implica (en términos generales) un mayor consumo de bienes y servicios, mayor ingreso para el empresario y más productividad. Esto mismo debería traducirse en una mayor demanda laboral por parte de los empleadores para poder satisfacer ese nuevo consumo; lo cual disminuye el desempleo  y genera un aumento de la producción.

Como podemos ver a continuación, esa relación inversamente lineal se cumple para todos los años de los últimos 20 años, salvo para algunos “bichos raros”

-2019 y 2023 – dos años atípicos. Ambos con caída del PBI pero con una disminución del desempleo. El ajuste se da por la calidad de empleo, no por la cantidad de personas empleadas. Aparece una dinámica de mayor gente ocupada pero de manera informal en sectores de menor peso relativo en el EMAE. Gran aumento de cuentapropistas y subocupación; se “reparte menos actividad entre más personas”

-2025 – el outlier. Cierra como el único año donde se dio un crecimiento del PBI y un aumento en paralelo del desempleo. ¿Cómo se da esto? La actividad es empujada por algunas ramas poco intensivas en mano de obra. 

El agro, la minería y la energía son sectores claves en el desarrollo actual del país. Los mismos se vieron beneficiados por un contexto internacional favorable (alza en el precio de commodities), inversiones extranjeras en infraestructura, alivianamiento impositivo y factores climáticos. La contracara es el poco peso sustancial en el empleo de mano de obra de dichas áreas al ser sectores primarios/extractivos.

Por su parte, sectores como la industria y construcción sienten el peso de una mayor apertura comercial que los lleva a competir frente a productos importados de mayor calidad y/o menor precio; sumado también a menores inversiones y/o permisos desde la administración pública que solían apoyar al sector. La merma de la actividad en dichos entramados productivos repercute de forma más notoria en la demanda de empleo, al ser rubros de mucha necesidad de personal por lo que pequeñas variaciones en la producción se traducen en cambios significativos en la cantidad de mano de obra.

Conclusiones

En este sentido, lo ocurrido durante 2025 no invalida necesariamente la lógica de la Ley de Okun, sino que pone de manifiesto sus límites en contextos donde la estructura productiva presenta fuertes desequilibrios sectoriales. La relación entre crecimiento y empleo no desaparece, pero se vuelve más débil o incluso se invierte cuando el motor de la actividad se concentra en sectores con baja elasticidad empleo-producto.

Lo que deja este análisis es una conclusión central: no todo crecimiento es equivalente. La calidad y composición del mismo resultan determinantes a la hora de evaluar sus efectos sobre el bienestar general. Un esquema basado en sectores primarios, intensivos en capital y con escasa generación de empleo directo puede mostrar buenos indicadores macroeconómicos, pero al mismo tiempo tensionar el mercado laboral y profundizar desigualdades.

De cara al futuro, el principal desafío para la economía argentina no radica únicamente en sostener tasas positivas de crecimiento, sino en lograr que ese crecimiento sea más equilibrado y generador de empleo. Esto implica necesariamente repensar los incentivos hacia sectores con mayor capacidad de absorción de mano de obra, promover encadenamientos productivos y fortalecer áreas con mayor peso en la demanda de empleo formal.

En definitiva, 2025 deja una enseñanza clara: el crecimiento económico, por sí solo, no garantiza mejoras en el mercado de trabajo. La discusión que se abre hacia adelante no es solo cuánto crece la economía, sino de qué manera se está dando ese crecimiento.

Leandro Ameriso – Global Focus

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