
Por Gustavo Picolla – Consultor | Director Agromanagement Agroeducación
Hace unos días participé de Agroactiva. Como ocurre cada año, miles de personas recorrieron los stands, observaron maquinaria, analizaron tecnologías, conversaron sobre financiamiento y buscaron oportunidades de negocios. Nada fuera de lo habitual. Después de todo, estamos hablando de una de las exposiciones agropecuarias más importantes del país. Sin embargo, hubo algo que me llamó profundamente la atención. Y no tuvo que ver con una máquina, ni con una tecnología, tampoco un nuevo producto.
Me tocó brindar una conferencia titulada El futuro del agro son las personas. Confieso que no sabía qué esperar. El agro suele asociarse con producción, tecnología, eficiencia, innovación, genética, rindes y mercados. Son temas centrales y absolutamente necesarios. Por eso me preguntaba cuánto interés podría despertar una charla centrada en las personas.
La respuesta llegó rápidamente. De entrada, la sala estaba bastante vacía, pero se fue colmando a medida que avanzaba la conferencia. Y lo más interesante ocurrió después, las preguntas parecían no terminar. Pregunta tras pregunta, comentario tras comentario, reflexión tras reflexión. De hecho me pidieron cortar por una cuestión de tiempo.
Mientras escuchaba a quienes participaban, comencé a percibir algo que me dejó pensando. Tal vez estamos empezando a hablar de un tema que durante mucho tiempo permaneció en segundo plano. Porque cuando observamos el desarrollo del agro durante las últimas décadas encontramos avances extraordinarios. Las máquinas son más eficientes, la genética evolucionó, la tecnología transformó la manera de producir, la información está disponible en tiempo real, los procesos mejoraron enormemente.
Sin embargo, detrás de todos esos avances sigue existiendo una pregunta fundamental. ¿Quién hará posible el futuro? La respuesta parece obvia, las personas. Y, sin embargo, durante mucho tiempo actuamos como si el futuro dependiera exclusivamente de la tecnología.
No me malinterpreten, la tecnología seguirá siendo clave. La innovación seguirá siendo indispensable, la inteligencia artificial seguirá transformando industrias completas. Pero ninguna de esas herramientas toma decisiones, ninguna construye confianza, ninguna desarrolla equipos, ninguna inspira a otros, ninguna reemplaza el liderazgo. Todo eso sigue siendo profundamente humano.
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Quizás por eso la charla generó tanto interés. Porque muchos de los desafíos que hoy enfrentan las organizaciones del agro ya no son solamente técnicos, son humanos.
- ¿Cómo atraer a las nuevas generaciones?
- ¿Cómo desarrollar líderes?
- ¿Cómo generar compromiso?
- ¿Cómo trabajar entre distintas generaciones?
- ¿Cómo construir culturas que permitan crecer?
- ¿Cómo prepararnos para un mundo que cambia cada vez más rápido?
Son preguntas que no se resuelven comprando una máquina nueva, son preguntas que exigen desarrollar personas. Y mientras escuchaba las intervenciones del público apareció otro pensamiento: durante décadas los países compitieron por recursos naturales, petróleo, minerales, grandes extensiones de tierra fértil. Pero cuando observamos a las naciones que lograron transformaciones extraordinarias encontramos algo interesante. Su principal inversión estuvo en las personas. La educación, la formación, la cultura, el desarrollo del talento, la capacidad de aprender, de innovar, de trabajar juntos. Y eso también vale para las empresas.
Muchas organizaciones siguen preguntándose qué tecnología necesitan incorporar para ser competitivas. Tal vez la pregunta complementaria debería ser otra: ¿Qué tipo de personas necesitamos desarrollar para aprovechar esa tecnología?
Porque una organización puede comprar las mismas máquinas que su competencia, puede acceder a los mismos sistemas, puede contratar los mismos servicios. Lo que resulta mucho más difícil de copiar es una cultura sólida. Un equipo comprometido, un liderazgo consistente, una organización donde las personas crecen.
Quizás por eso me fui de Agroactiva con una sensación muy positiva. No por la cantidad de asistentes, no por la cantidad de preguntas, sino porque percibí que existe una inquietud genuina, un interés creciente por poner a las personas en el centro de la conversación. Y eso me parece una excelente noticia.
Porque el agro seguirá necesitando tecnología, de innovación, de inversión. Pero el verdadero diferencial seguirá estando donde siempre estuvo, en las personas capaces de transformar todo eso en resultados.
Por eso, después de Agroactiva, estoy más convencido que antes. El futuro del agro no será tecnológico o humano, será tecnológico y humano. Pero entre ambos, hay uno que seguirá siendo irremplazable: Las personas.
Por Gustavo Picolla – Consultor | Director Agromanagement Agroeducacion
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