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El caos no destruye oportunidades: destruye miradas rígidas

Por Fernando Vuelta – Director Comercializacion Granaria Agroeducacion

“Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de
soportar”
Immanuel Kant.
Nuestra vieja amiga, la incertidumbre —junto a su inseparable hermana, la volatilidad— se han
adueñado de los mercados internacionales en los últimos 30 días y pusieron al mundo a sus
pies… o debajo de ellos.
La guerra abierta en Medio Oriente, justo sobre el corredor logístico petrolero más importante
del planeta, destruye modelos y relaciones de precios. El resultado: un entorno caótico para la
toma de decisiones de corto plazo.
Todo análisis es incompleto.
Toda especulación es vana.
Y todo intento de predicción tiene tal desvío que se vuelve impracticable.
En medio de este escenario tan particular, no pude evitar recordar el libro que pone nombre a
estos eventos. Hablo de El cisne negro, de Nassim Nicholas Taleb.
Mi copia personal fue un regalo de quien alguna vez fue mi jefe en en mis años de trabajo en
una corredora líder.
Me lo entregó el día que me puso a cargo del área de análisis de mercados y en la portada
escribió: “Para que conserves siempre la humildad”.
Después de leerlo, entendí por qué.
Estos eventos cambian todo.
Reconfiguran decisiones.
Rompen patrones.
Y, lo más importante, nadie sabe por cuánto tiempo ni con qué magnitud van a impactar.
La distribución normal de probabilidades se desmorona, alguien le pegó un pisotón a la brújula.
¿Y ahora?
Cuando nos encontramos en este tipo de escenarios, a mi criterio, hay tres claves:

  1. Aceptar que lo obvio dejó de serlo.
    Lo que hasta ayer era certeza hoy es duda. Y el desafío más grande es animarse a cuestionar
    nuestras propias conclusiones recientes.
  2. Flexibilidad radical en la toma de decisiones.
    Un plan diseñado en condiciones normales puede ser un lastre en este contexto. Adaptarse no
    es una opción, es una necesidad.
  3. Menos predicción, más ejecución.
    Dejar de intentar adivinar el futuro y enfocarse en capturar las oportunidades que ofrece el
    presente.
    Porque en tiempos de cisnes negros…no sobrevive el que mejor predice, sino el que mejor se
    adapta y ejecuta.
    Las oportunidades no desaparecen, se esconden
    La pregunta inevitable —y repetitiva— cuando hago este tipo de planteos en charlas o
    reuniones con clientes es:
    ¿De verdad creés que hay oportunidades en semejante lío?
    La respuesta es un enorme sí, pero hay que animarse a abrir la cabeza para verlas.
    Podría enumerar diez ejemplos distintos de oportunidades que han aparecido en este mes
    interminable, pero voy a quedarme con uno, directamente vinculado a uno de los productos
    más afectados por el conflicto: el precio de la UREA.
    Este insumo crítico para trigo y maíz saltó, tras el inicio del conflicto, de USD 550 por tonelada a
    USD 800 o más. Un movimiento que encareció de forma muy significativa los costos y encendió
    todas las alarmas en el sector.
    Se han escrito miles de análisis sobre cómo esto impacta en los márgenes, especialmente en un
    contexto donde los precios de los cereales todavía no acompañan.
    Sin embargo, poco o nada se dijo sobre un evento comercial de gran magnitud, ampliamente
    anticipado, y con un potencial enorme para mitigar ese problema de sobrecosto.
    El 27 de marzo, la soja disponible perdió nada menos que USD 33 respecto al día anterior.
    A esa fecha, había aproximadamente 8 millones de toneladas sin precio —considerando tanto
    mercadería a fijar como entregas pendientes—.
    Esa diferencia implica que el sector productor dejó de capturar USD 264 millones.

Ahora bien, llevémoslo a algo tangible.
Esa cifra equivale aproximadamente a 330 mil toneladas de urea.
Y si lo bajamos a campo: a una dosis de 200 kg por hectárea, estamos hablando de la
fertilización de 1,65 millones de hectáreas.
En términos relativos, eso representa cerca del 23% del área sembrada (tomando como
referencia la campaña 2025/2026).

Entonces, la pregunta cambia:  

¿Dado el problema del costo de la UREA… podía tomarse una acción concreta que mejorara  los balances? 

Claramente la respuesta es Si.  

Porque mientras el mercado grita caos, también ofrece —para el que está dispuesto a verlas—  herramientas concretas para compensarlo.  

En escenarios de incertidumbre extrema, las oportunidades no desaparecen, solo se vuelven  menos evidentes.  

Y ahí es donde se hace la diferencia.

Por Fernando Vuelta – Director Comercializacion Granaria Agroeducacion

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