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Con el Niño instalado en la campaña 23/24

Por Leonardo De Benedictis | Climatólogo

Mucho se habló de El Niño para la campaña 23/24, desde que iniciaba en marzo hasta un “súper niño” de consecuencias catastróficas para gran parte del mundo. Pero muchas de estas cosas, como ocurre en casi todos los rubros, no son más que titulares de impacto para atraer lectores.

Lo cierto es que luego de tres campañas consecutivas de evento La Niña, se necesitaba con urgencia la llegada de un cambio total de condiciones. La sequía se fue pronunciando cada vez más y ya no había humedad en ningún lado como para poder compensar la falta de lluvias.

Sin reservas en el perfil, con las napas en niveles extremadamente bajos, sin lagunas ni ríos, comenzamos la campaña 23/24 con la ilusión de un evento El Niño que comenzara a solucionar todos los problemas de escases hídrica. Y de a poco lo está siendo.

Desde septiembre comenzaron a observarse cambios importantes en la circulación general de la atmósfera, aunque sólo unos pocos pudieron “disfrutarlo” desde el inicio, ya que las lluvias sólo se desarrollaban sobre el extremo noreste de Argentina, sur de Brasil y parte de Paraguay, con eventos muy abundantes y generalizados en la región.

Zonas de Misiones y Corrientes entre el mes de septiembre y el de octubre pudieron totalizar un acumulado bimestral de más de 1000 mm, situación que llevó a una importante crecida del río Paraná y el Uruguay, cosa que hoy, en pleno noviembre ya está generando complicaciones en zonas de islas.

¿Cuál es la situación actual?

Desde el punto de vista de la anomalía de temperatura de la superficie del mar sobre el Pacífico Ecuatorial Central, parámetro fundamental para medir la condición Niño/Niña se presenta muy superior a los parámetros medios. Tal situación es condición necesaria para poder hablar de un evento “El Niño” y dada la persistencia de este efecto, ya se puede decir que se han manifestado los requisitos para establecer la presencia de dicho evento, es más, con características de “Niño fuerte”

Los principales modelos de simulación numérica analizan la situación actual y pasada para poder proyectar la evolución de este parámetro tan significativo para la región y concluyen que las características de evento El Niño se mantengan hasta por lo menos el próximo otoño, manteniendo una intensidad fuerte y pudiendo alcanzar un pico máximo “muy fuerte” en pleno verano.

Analizando las proyecciones en términos de probabilidades, la situación a partir del próximo otoño comienza a mostrar una gran convergencia de modelos hacia una situación Neutral, aunque todavía esta característica es muy incipiente y no hay certezas claras de que realmente sea así, pero sí se puede asegurar sobre la permanencia de El Niño hasta los meses de otoño. Hoy en día, las probabilidades de presentarse y perdurar una condición El Niño superan ampliamente el 90%, mientras que el hecho de pasar a condiciones de neutrales ni siquiera alcanza el 10%. En tanto, la posibilidad de volver a La Niña es totalmente nula de aquí hasta fines del verano.


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¿Cuáles son los impactos que genera la persistencia de El Niño hasta el otoño?

Analizando la tendencia en el mediano y largo plazo no sólo hay que ver las implicancias de El Niño, sino que también hay que estudiar los forzantes locales o regionales que pueden influir en cada sector del país.

Teniendo en cuenta las perspectivas de largo plazo realizadas por los diferentes modelos climáticos tanto dinámicos como estadísticos comparados con los registros históricos se pueden concluir algunos resultados, comencemos con las lluvias:

Si bien las lluvias han comenzado en muchas zonas del país, las condiciones actuales de humedad del suelo aún están muy lejos de ser óptimas, ya que el nivel de sequía preexistente era extremo. Pero esto de a poco está cambiando. Una de las cuestiones más importantes que debe tener en cuenta el productor es el nivel de infiltración de las lluvias, ya que luego de tantos meses sin precipitaciones muchos lotes han perdido capacidad de absorción y no toda la lluvia que cae se logra aprovechar.

La tendencia de lluvias para el período del verano se presenta con características superiores a los niveles medios en toda la región este del país, potenciándose especialmente sobre la región del Litoral y noreste de Buenos Aires, mientras que sobre la franja central la situación será algo más moderada y en el oeste probablemente se sufran algunas zonas con déficit.

Las marcas térmicas tienden a presentarse superiores a los niveles normales, con una predisposición a mantenerse con anomalías positivas durante todo el período de pronóstico, pero a diferencia de la campaña pasada, no se observarían picos extremos de temperatura, ya que al presentarse mayor nivel de lluvias, habrá más humedad y esto es un gran regulador de la variabilidad térmica, por lo que se prevén olas de calor a lo largo de la campaña pero no al mismo nivel que el año pasado, que se vivió una situación extrema y extensa, ya que hasta fines de marzo se seguían registrando olas de calor.

Por todos estos motivos, la campaña 23/24 es altamente prometedora y con la tecnología y recursos con los que cuenta hoy en día el campo argentino, pueden aprovecharse de manera notable, fomentando una campaña en la que muchos productores podrán, de a poco, recuperarse de estos difíciles últimos 3 años.

Por Leonardo De Benedictis | Climatólogo

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