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China y los agronegocios: qué compra el gigante asiático y qué oportunidades tiene Argentina


Soja, carnes, aceites, alimentación animal, sorgo, cebada, biotecnología, seguridad alimentaria y geopolítica fueron algunos de los grandes temas de una jornada de análisis que AgroEducación compartió en China.

Por Equipo de AgroEducación

En el marco de las actividades que AgroEducación está desarrollando en China, participamos de una presentación especialmente dedicada a los agronegocios, el comercio agrícola chino y la relación del país con los principales productores y exportadores de alimentos del mundo.

La exposición tuvo además un capítulo especialmente dedicado a Argentina y dio lugar posteriormente a un extenso intercambio de preguntas con nuestro grupo.

Ese intercambio terminó siendo probablemente tan interesante como la propia presentación. Permitió avanzar desde las grandes estadísticas hacia preguntas mucho más concretas: ¿por qué China compra tanta soja?, ¿por qué prefiere importar poroto?, ¿puede reducir la utilización de harina de soja en las dietas animales?, ¿qué está ocurriendo con su producción ganadera?, ¿hasta dónde puede crecer la importación de carne?, ¿por qué Argentina perdió participación en algunos productos y la ganó en otros?, ¿qué ocurrió con la cebada australiana?, ¿cómo observa China los organismos genéticamente modificados? y ¿qué importancia tiene hoy la geopolítica en las decisiones comerciales?

La reunión permitió, en definitiva, aproximarnos a una pregunta mucho más amplia: ¿cómo piensa China su seguridad alimentaria?

Comprender esa respuesta resulta fundamental para Argentina. Estamos frente a uno de los mayores compradores de alimentos del planeta, pero también frente a un país que no quiere quedar excesivamente expuesto a las importaciones y que procura sostener, simultáneamente, su propia capacidad productiva. Esa aparente contradicción atravesó prácticamente toda la conversación.

China necesita al mundo para alimentar a China

Hay una cuestión estructural que permite entender buena parte de la estrategia agrícola china.
El país debe abastecer a una enorme población con una disponibilidad de tierra cultivable relativamente limitada. Por eso, aun cuando China posee una producción agrícola gigantesca, las importaciones forman parte de su estrategia de seguridad alimentaria.

No se trata de una situación coyuntural. Es una característica estructural de su economía. China compra soja, aceites vegetales, azúcar, algodón, cereales, carnes, productos destinados a alimentación animal, frutas, jugos, productos del mar y una extensa lista de materias primas y alimentos.

Pero tampoco quiere depender ilimitadamente del exterior, y mucho menos de un único país.

Por eso, una de las ideas que apareció repetidamente durante la reunión fue la diversificación: diversificar productos y proveedores, sostener producción doméstica, mejorar productividad, incorporar tecnología y utilizar el comercio internacional como complemento de la seguridad alimentaria nacional.
Es dentro de esa lógica donde debemos analizar la relación de China con Brasil, Estados Unidos, Australia, Argentina y el resto de los grandes productores agrícolas.

La soja explica buena parte de la relación de China con el mundo agrícola

Si existe un producto capaz de mostrar la verdadera dimensión del mercado chino, probablemente sea la soja.

Según las cifras presentadas durante la reunión, China viene importando más de 100 millones de toneladas anuales de soja.
La cifra por sí sola permite dimensionar el impacto que el país tiene sobre el mercado mundial.

China necesita la soja principalmente por dos productos derivados: harina y aceite. La harina constituye una fuente fundamental de proteína para la alimentación animal, especialmente para las cadenas porcina y avícola. El aceite, por su parte, se incorpora al enorme mercado de consumo alimentario chino.
Una característica particularmente importante es que China desarrolló una gigantesca capacidad propia de procesamiento. El país compra enormes cantidades de poroto y realiza internamente el crushing.

Según se explicó durante la presentación, el procesamiento de la soja importada está concentrado principalmente en grandes plantas que utilizan sistemas de extracción por solventes. Existen establecimientos más pequeños y tecnologías alternativas, pero tienen una participación menor y están más vinculados con soja de producción doméstica.

La escala vuelve a ser determinante. Cuando se procesan decenas de millones de toneladas, pequeñas diferencias en eficiencia de extracción pueden representar cantidades extraordinarias de aceite y enormes diferencias económicas.

Argentina y China: dos estrategias diferentes alrededor de la misma soja

Uno de los datos más interesantes de la presentación estuvo relacionado con la evolución de Argentina como proveedor de poroto de soja. Según las cifras expuestas, nuestro país llegó a representar aproximadamente 29% de las importaciones chinas de soja en determinados momentos de comienzos de este siglo. Actualmente esa participación sería cercana al 7%.

Es una transformación significativa. Durante la conversación surgió como una de las explicaciones el propio desarrollo de la industria aceitera argentina. Argentina construyó alrededor del Gran Rosario uno de los complejos de crushing más importantes del mundo y durante décadas orientó buena parte de su estrategia exportadora hacia la industrialización del poroto dentro del país.

China desarrolló una estrategia diferente. Su interés está fuertemente asociado a comprar materia prima y procesarla dentro de su propia estructura industrial.
Argentina tiene capacidad para procesar la soja antes de exportarla y China tiene capacidad e interés en procesarla después de importarla.

La evolución de las exportaciones de poroto argentino hacia China debe analizarse también dentro de esa relación. Al mismo tiempo, Brasil fue aumentando extraordinariamente su producción de soja y se consolidó como un proveedor fundamental del mercado chino. Estados Unidos continúa siendo otro gran actor, aunque su relación comercial con China estuvo condicionada durante los últimos años por las tensiones entre ambas potencias.

Una pregunta clave: ¿China quiere utilizar menos harina de soja?

Este fue uno de los temas que generó mayor intercambio durante la reunión. China necesita enormes cantidades de harina de soja para alimentar su producción animal. Pero precisamente por esa magnitud, existe desde hace años interés en reducir la dependencia de esa fuente de proteína.

La cuestión adquirió todavía mayor relevancia desde las tensiones comerciales con Estados Unidos iniciadas en 2018. La pregunta planteada fue si existe realmente una política china destinada a disminuir la utilización de harina de soja en las dietas animales. La respuesta fue más matizada que un simple sí o no. Existe interés y existen recomendaciones para trabajar con dietas de menor contenido de proteína bruta y complementar las necesidades nutricionales mediante aminoácidos y otras fuentes. Pero la capacidad de hacerlo no es igual para todas las empresas.

Las grandes compañías de alimentación animal cuentan con nutricionistas, tecnología, conocimiento y capacidad de formulación para reducir el porcentaje de harina de soja sin afectar la productividad. Las empresas más pequeñas pueden encontrar mayores dificultades. Y existe otra variable absolutamente determinante: el precio. Si la harina de soja resulta económicamente competitiva, el incentivo para sustituirla disminuye. Si su precio aumenta, las alternativas ganan atractivo.

Por eso sería incorrecto interpretar esta estrategia como una decisión de China de abandonar la harina de soja. Se trata más bien de una búsqueda de eficiencia, flexibilidad y menor dependencia. En un mercado de semejante tamaño, una reducción de pocos puntos porcentuales en la inclusión de harina de soja puede traducirse en millones de toneladas.

China, los aceites y la dependencia externa

La presentación permitió también observar que la dependencia china del mercado internacional no se limita a la soja. Los aceites vegetales ocupan un lugar importante dentro de sus importaciones agrícolas. Se destacó especialmente el aceite de palma, cuyas compras se ubicaron, según los datos presentados, por encima de los 6 millones de toneladas anuales, con Indonesia como uno de los principales proveedores.

También forman parte del esquema de abastecimiento chino otros aceites y oleaginosas, entre ellos productos derivados de colza y girasol. En este segmento vuelve a aparecer una característica que atraviesa toda la política agrícola china: asegurar abastecimiento, pero procurando mantener diferentes alternativas.

Azúcar: Brasil vuelve a aparecer

El azúcar fue otro de los productos analizados.
Durante la presentación se mencionaron importaciones chinas cercanas a los 5 millones de toneladas anuales, con algunos períodos de compras superiores. Para 2021, por ejemplo, se mencionaron cifras superiores a 5,5 millones de toneladas.

Brasil aparece nuevamente como proveedor destacado. La reiterada presencia brasileña en soja, carne, azúcar y otros productos fue uno de los elementos que inevitablemente surgieron durante el análisis. Para Argentina resulta interesante observar no solamente qué compra China, sino también por qué algunos competidores sudamericanos consiguieron construir una participación tan importante dentro de ese mercado.

Algodón: producción doméstica e importaciones pueden convivir

El algodón ofrece otro buen ejemplo de la lógica china.
China es un importante productor, pero simultáneamente posee una de las mayores industrias textiles del planeta. La demanda de esa industria supera en determinados momentos la disponibilidad doméstica, por lo que el país recurre a importaciones. Según las cifras presentadas durante la jornada, las compras recientes se ubicaron alrededor de 1,14 millones de toneladas, con Brasil nuevamente entre los proveedores relevantes.

El caso demuestra que una gran producción doméstica no necesariamente elimina la necesidad de importar. Todo depende de la escala de la demanda. Y en China, prácticamente cualquier demanda adquiere una dimensión extraordinaria.

Carne vacuna: uno de los grandes temas para Argentina

Naturalmente, la carne vacuna ocupó un lugar central en la conversación. China se transformó durante los últimos años en uno de los mayores importadores mundiales y en un destino fundamental para la cadena ganadera argentina. Durante la presentación se habló de compras cercanas a los 3 millones de toneladas anuales. Brasil ocupa la principal posición como proveedor, mientras que Argentina mantiene una presencia significativa.

Pero nuevamente, la parte más interesante de la discusión apareció cuando dejamos de mirar solamente el volumen. China necesita importar carne. Pero China también tiene productores ganaderos. Y allí aparece un conflicto económico que las autoridades deben administrar.

Carne barata para el consumidor o rentabilidad para el productor

Durante la reunión se explicó que determinada carne importada, particularmente de Brasil, podía ingresar al mercado chino a precios considerablemente inferiores a los costos de producción domésticos. Se mencionaron casos en los cuales el precio podía acercarse incluso a la mitad del valor de la carne producida internamente.

La consecuencia es evidente. Para el consumidor, la importación resulta atractiva. Para la industria que necesita abastecimiento, también. Pero para el productor ganadero chino puede representar una presión extraordinaria. Si el mercado quedara completamente abierto y las importaciones continuaran aumentando a precios muy inferiores a los domésticos, una parte de la producción local podría dejar de ser económicamente viable.

China no parece dispuesta a permitir que eso ocurra sin límites. La seguridad alimentaria no consiste solamente en disponer hoy de alimentos baratos. También implica preservar una capacidad doméstica de producción para el futuro.

Ese concepto ayuda a comprender las medidas de protección mencionadas durante la presentación. Según se explicó, China ha recurrido a mecanismos temporales destinados a moderar el impacto de las importaciones sobre su producción ganadera, alcanzando a varios de los principales países proveedores.

Para Argentina, este punto es particularmente importante. El hecho de que China necesite carne importada no significa que esté dispuesta a aumentar indefinidamente sus compras si considera que eso amenaza la sustentabilidad de su propia ganadería.

Argentina como proveedor de carne

Argentina tiene una posición relevante dentro del mercado chino de carne vacuna. Durante la conversación se analizó que la participación porcentual puede variar, especialmente frente al enorme crecimiento de Brasil y los cambios del propio mercado chino.

Sin embargo, China continúa siendo un destino de enorme importancia para nuestra cadena ganadera. Aquí aparece nuevamente la necesidad de comprender la lógica del comprador. China no analiza únicamente precio. También observa disponibilidad, estabilidad del abastecimiento, condiciones sanitarias, relaciones comerciales y la situación de su propia producción.

El mercado puede ser gigantesco y, al mismo tiempo, altamente administrado.

Sorgo: una posición argentina que merece atención

El sorgo apareció como uno de los productos donde Argentina consiguió una participación particularmente interesante. Durante la exposición se mencionó una participación argentina cercana al 30% de las importaciones chinas.

El dato es relevante por dos motivos. Primero, porque muestra que la relación agroindustrial entre Argentina y China es bastante más amplia que soja y carne. Segundo, porque demuestra que Argentina puede alcanzar posiciones importantes en mercados específicos cuando se combinan disponibilidad de producto, demanda china y acceso comercial.

El sorgo tiene diferentes utilizaciones dentro de China, entre ellas alimentación animal, y se convirtió durante los últimos años en un producto interesante dentro de la relación bilateral.

Cebada: una lección sobre cómo funciona realmente el comercio

Probablemente uno de los intercambios más ricos de la reunión haya sido el relacionado con la cebada.

La presentación mostraba que Argentina había llegado a alcanzar una participación superior al 40% de las importaciones chinas alrededor de 2022, para posteriormente perder parte de esa presencia.

Inicialmente se planteó la posibilidad de que esa caída estuviera relacionada con una reducción de la producción argentina. Desde nuestro grupo surgió una observación diferente.

El gran cambio había ocurrido por la relación entre China y Australia.

Australia era un proveedor natural y muy importante de cebada para el mercado chino. Pero en el contexto de tensiones comerciales entre ambos países, China aplicó medidas que limitaron fuertemente el ingreso de cebada australiana.
Eso modificó el mercado. China continuaba necesitando cebada. Australia había perdido acceso. Otros proveedores ocuparon ese espacio. Y Argentina fue uno de ellos.

Cuando posteriormente las restricciones fueron levantadas, Australia recuperó rápidamente participación.
El ejemplo es extraordinariamente interesante porque permite entender cómo funciona hoy el comercio agrícola mundial. Había aparecido una ventana comercial generada por un conflicto entre otros dos países. Cuando desapareció la causa que había originado esa ventana, el mercado comenzó a normalizarse.

La geopolítica se convirtió en una variable agrícola

El caso de la cebada australiana llevó naturalmente a una discusión más amplia.
Durante décadas, quienes analizamos mercados agrícolas nos acostumbramos a observar fundamentalmente producción, consumo, stocks, clima, superficie sembrada, rendimientos y precios.

Todas continúan siendo esenciales. Pero ya no son suficientes.
Hoy existe otra variable que puede mover millones de toneladas de un origen hacia otro: la geopolítica.

La relación entre Estados Unidos y China es el ejemplo más evidente. Estados Unidos posee enormes ventajas productivas y es uno de los grandes exportadores agrícolas mundiales. En condiciones normales, su producción encuentra en China un mercado natural. Pero cuando aparecen aranceles, represalias comerciales o conflictos diplomáticos, el flujo puede cambiar rápidamente.
Lo mismo ocurrió con Australia. Y esas modificaciones pueden beneficiar temporalmente a terceros países, entre ellos Argentina.

Ser competitivo continúa siendo indispensable, pero no garantiza por sí solo el acceso permanente a un mercado. Las relaciones entre los gobiernos, los acuerdos comerciales y las decisiones estratégicas de los países tienen cada vez más influencia sobre los agronegocios.

¿Qué lugar ocupa Argentina para China?

Una de las preguntas realizadas al expositor fue precisamente cómo observa China a Argentina como proveedor. La respuesta destacó la importancia agrícola de nuestro país y la complementariedad entre ambas economías.

China posee una enorme demanda y limitaciones estructurales de recursos productivos. Argentina posee tierra, tecnología, conocimiento y capacidad para producir alimentos en volúmenes muy superiores a las necesidades de su propia población.

La complementariedad parece evidente.

Pero eso no significa que Argentina tenga asegurado un determinado lugar. China dispone de alternativas: Brasil, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Uruguay y muchos otros países compiten en diferentes productos.

Por eso, quizás resulte más apropiado pensar la relación no desde la pregunta “¿China necesita a Argentina?”, sino desde otra bastante más exigente: ¿en qué productos y bajo qué condiciones Argentina puede convertirse en un proveedor competitivo y confiable para China?

Brasil: el competidor que aparece una y otra vez

Durante toda la presentación hubo un país que apareció repetidamente: Brasil.
Soja. Carne vacuna. Azúcar. Algodón.

En diferentes cadenas, Brasil consiguió construir una enorme presencia dentro del mercado chino.
Su escala productiva aumentó considerablemente durante las últimas décadas y China encontró allí un proveedor capaz de abastecer volúmenes extraordinarios.

Para Argentina, Brasil constituye inevitablemente un punto de comparación.
Ambos países poseen enormes recursos agrícolas y ambos forman parte del Mercosur. Pero Brasil consiguió alcanzar una escala y una presencia comercial superiores en varios de los mercados analizados. Comprender esa evolución también resulta relevante para pensar la estrategia argentina.

China y la biotecnología

Otro capítulo muy interesante de la conversación estuvo relacionado con los organismos genéticamente modificados. La pregunta surgió a partir de una aparente contradicción.

China importa grandes cantidades de productos derivados de cultivos genéticamente modificados, especialmente destinados a alimentación animal. Sin embargo, históricamente mantuvo una posición mucho más prudente respecto de la utilización de semillas transgénicas dentro de su propia producción, especialmente cuando el producto podía tener relación directa con el consumo humano.

La explicación presentada combinó varios factores. Por un lado, existió durante años cierta preocupación de los consumidores. Por otro, China también tenía un desarrollo tecnológico diferente al de países que adoptaron tempranamente estas tecnologías.

Pero esa posición está cambiando.
Según se explicó durante la reunión, desde aproximadamente 2024 se produjo un avance más significativo en experiencias y adopción, particularmente en maíz.

¿Por qué el maíz puede avanzar más rápido?

El maíz aparece como uno de los cultivos donde la incorporación de biotecnología puede desarrollarse con mayor velocidad. China posee una enorme producción doméstica y cualquier mejora de rendimiento puede tener un impacto considerable sobre la disponibilidad total.

Si las nuevas tecnologías permiten obtener mayores rindes, reducir determinados costos o mejorar la rentabilidad del productor, el incentivo económico para adoptarlas aumenta.

En soja, la situación es diferente.
Durante la presentación se destacó la importante brecha existente entre los rendimientos chinos y los alcanzados en países como Estados Unidos. Se mencionó, como referencia, que los rindes chinos podrían ubicarse en determinadas comparaciones alrededor del 60% de los estadounidenses.

Eso demuestra que China tiene un enorme desafío productivo.

La evolución de esta cuestión será especialmente importante para el mercado mundial. Si China consigue aumentar significativamente su producción doméstica de determinados cultivos, las necesidades futuras de importación podrían modificarse. Por eso la biotecnología china no es solamente un tema tecnológico. También es un tema de mercados agrícolas.

El verdadero concepto detrás de toda la reunión: seguridad alimentaria

Después de recorrer soja, harina, aceites, azúcar, algodón, carne, sorgo, cebada y biotecnología, aparece un concepto que permite unir prácticamente todos los temas tratados: seguridad alimentaria. China necesita importar, pero no quiere depender demasiado.

Quiere alimentos a precios razonables para sus consumidores, pero tampoco quiere destruir la rentabilidad de sus productores. Quiere acceder a las materias primas del mundo, pero también desarrollar su propia capacidad industrial. Quiere mejorar la productividad doméstica y, al mismo tiempo, diversificar sus proveedores internacionales. Quiere utilizar el comercio global, pero procura mantener herramientas para intervenir cuando considera que un sector estratégico está amenazado.

Vista desde esta perspectiva, la política agrícola china comienza a resultar mucho más comprensible.

Las aparentes contradicciones de China Desde afuera, algunas decisiones pueden parecer contradictorias.

Una China que también está cambiando

Otro aspecto importante es evitar pensar a China como una realidad estática.
El país cambia. Cambian sus consumidores, su producción, su tecnología, las dietas animales, sus relaciones internacionales, sus proveedores y también su política agrícola. La China que comenzó a importar enormes cantidades de soja hace dos décadas no es exactamente la misma que estamos observando hoy.

Tiene más capacidad industrial, más tecnología, mayor producción doméstica en muchas cadenas, empresas de enorme escala y una preocupación creciente por la seguridad de sus abastecimientos.
Por eso proyectar simplemente las tendencias del pasado hacia los próximos veinte años puede resultar peligroso.

¿Qué significa todo esto para Argentina?

La reunión dejó varias cuestiones para seguir pensando desde nuestros agronegocios. La primera es que China continuará siendo un actor central del mercado mundial de alimentos. Su escala hace difícil imaginar un escenario internacional agrícola en el que sus decisiones no sean determinantes.

La segunda es que la demanda china no debe considerarse automática. China buscará permanentemente mejorar su producción doméstica, aumentar su eficiencia y reducir vulnerabilidades.

La tercera es que Argentina compite. Brasil, Estados Unidos, Australia y otros países quieren abastecer exactamente al mismo comprador.

La cuarta es que los mercados pueden modificarse rápidamente por razones que no tienen relación directa con una cosecha. El caso de la cebada australiana es probablemente el mejor ejemplo surgido durante la reunión.

Y la quinta es que debemos observar con enorme atención los cambios tecnológicos dentro de China. Lo que ocurra con la alimentación animal, la utilización de harina de soja, la productividad agrícola y la biotecnología puede modificar las necesidades de importación del futuro.

Una pregunta para los próximos años

Quizás la principal conclusión de la jornada sea que mirar solamente cuánto compra China resulta insuficiente. Las cifras son impresionantes: más de 100 millones de toneladas de soja, millones de toneladas de carne, millones de toneladas de azúcar, aceites, algodón y cereales. Pero detrás de esas cifras existe una estrategia.

China está intentando responder una pregunta que para un país de su escala resulta fundamental: ¿cómo garantizar el abastecimiento de alimentos para su población sin quedar excesivamente expuesto a las decisiones, conflictos o problemas productivos del resto del mundo?

Y allí aparece también nuestra propia pregunta.

Argentina posee una extraordinaria capacidad para producir alimentos. China posee una extraordinaria necesidad de asegurar su abastecimiento. Existe una complementariedad evidente, pero también competencia, tecnología, política comercial y geopolítica.

Por eso, después de esta jornada de AgroEducación en China, quizás la pregunta que deberíamos llevarnos no sea solamente cuánto seguirá comprándonos China.

La pregunta más importante es: ¿qué lugar puede construir Argentina dentro de la estrategia de seguridad alimentaria china de los próximos diez o veinte años?

Entender cómo responda China a ese desafío será cada vez más importante para entender también el futuro de nuestros agronegocios.

Por Equipo de AgroEducacion


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